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lunes, 20 de agosto de 2012

AIKIDO, CONCEPCIONES GENERALES (2da parte)


La competición y el Budo del Aikido
El propósito del Aikido antes que la competición, es favorecer los mecanismos de la armonía y aumentar la comunicación entre personas. De esta forma puede practicar juntos personas fuertes y débiles, jóvenes y viejos, niños y adultos, y al mismo tiempo obtener gran provecho de ello a medida que desarrollan su capacidad de adaptación.
Pero la relación entre el ataque y la defensa y el camino difícil que incluye conservar la armonía hace que el estudiante le cueste aprender, y así puede llegar a equivocarse fácilmente de camino en su búsqueda del poder. Es en este momento cuando el ego reclama pruebas y anhela la competición.
Enseñar un arte marcial de competición no supone enseñar la verdad. Si bien la competición puede resultar favorable en su función de canalizar los impulsos agresivos y de estimular así como llevar hasta el límite a la capacidad física, esta son solo características de los deportes y juegos físicos.
Pero el Budo no es un deporte, es un modo de vida, y por ello las motivaciones son diferentes.
Pero ahora veamos como esto de competir influye en las sociedades modernas, las personas sienten ansiedades y experimentan constantes frustraciones, además destruye las relaciones personales porque se juzga y compara a las personas; al final todos temen confiar en los demás y se vuelven celosos, egoístas y violentos.
La celebración de campeonatos permite observar que el apego a la victoria ha privado a la mayor parte de las artes marciales de su verdadero sentido. ¿En qué se han convertido las técnicas y los principios? La agresividad y el miedo a perder los han destruido.
Sobre el cuadrilátero o la arena solo surgen las pálidas imitaciones de aquellos antiguos principios que fueron enseñados por los grandes maestros. Si solo importa la victoria y la derrota, se trata de un espectáculo de exhibicionismo primario; y es evidente que la armonía no puede desarrollarse en este contexto. Porque el Budo no es un deporte.

En el Aikido no existe el odio ni el enemigo
El hombre cuyo espíritu es de conflicto y desafío posee un interior que se halla sediento de sangre del enemigo. Aún sin que sus manos aferren la garganta del adversario, o sin que sus piernas y puños lo estén golpeando, basta solo con la idea para su cuerpo se llene de odio o de deseos de vencer, y entonces estos pensamientos se apoderan de su mente.
En Oriente hay un viejo dicho que reza lo siguiente el peor enemigo que existe es la mente turbada.
La verdadera victoria no supone vencer al enemigo. La verdadera victoria es la que ofreciendo amor se cambia y modifica el corazón del enemigo. Todos los grandes maestros espirituales que han pisado esta tierra han enseñado lo importante que es aprender a amar al enemigo.
El ser que en otros estilos, o en otras mentes es llamado enemigo para el aikidoka se convierte en un maestro, en un igual, en tu imagen, es él quien te ayuda a refinar tus ideas y tus técnicas, él es  el contrapeso necesario para agudizar tus sentidos.
Al no verlo como enemigo, ni como un ser al cual temes o desprecias ni deseas causarle daño, te liberas inmediatamente de todos tus odios, es allí cuando en ese preciso momento tu mente queda libre. Con una mente libre puedes captar todos sus movimientos, todos sus puntos débiles y todo aquello que esté o no dispuesto a revelarte.
En el Budo comprender al enemigo es un paso esencial, dado que al comprenderlo esto permite que el odio desaparezca y brote el verdadero poder, la técnica pura.

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